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El porvenir de una des-ilusión…
Los analistas enfrentamos nuestros escepticismos

¿Optimismo ó pesimismo?


Dra. Raquel Zak de Goldstein
Julio, 2002

Las esperanzas y convicciones, mitigan el profundo sufrimiento humano ante la incertidumbre y el conocimiento de la finitud.





“…la cuestión de la subjetividad retorna hoy como
un leitmotiv. Lo mismo que el aire y el
agua, ella no es un dato natural. ¿Có-
mo producirla, captarla, enriquecerla,
reinventarla permanentemente para
hacerla compatible con Universos
de valores mutantes?. ¿Cómo trabajar
para su liberación, es decir, para su
re-singularización?. El psicoanálisis,
el análisis institucional, el cine, la
literatura, la poesía, las pedagogías
innovadoras, los urbanismos y arquitecturas creadores...todas las disciplinas tendrán que conjugar su creatividad para conjurar las situaciones de barbarie, de implosión mental, de espasmo caósmico que se perfilan en el horizonte, y para transformarlas en riquezas y goces imprevisibles, cuyas promesas son, a fin de cuentas, igualmente tangibles”.
Félix Guattari. “Caosmosis” edit. Manantial
1992/6 (destacados personales)

Ilusión y Des-ilusión
¿La imaginación al poder?
“El mal es bien”,..
Profecías que se autocumplen
“Psicología de las masas”….
Aceleración y Pánico
Fragmentación y Supervivencia
¿Dónde está la angustia?
¿Y la erótica?


Los problemas que enfrentamos los psicoanalistas ante:

- La desilusión, el pánico y el pensamiento pragmático y negativizador.

El hoy de nuestra actualidad, presenta distintas e imprevisibles complicaciones para la operación, en los analistas, de “las expectativas subjetivas”…que “se muestran dependientes de factores puramente personales”…(las que determinan) su actitud más o menos esperanzada hacia la vida,…nos indica Freud en “El porvenir de una ilusión”. Ilusión y esperanza como par dialéctico parecen presidir y preservar el pensamiento de investidura, el funcionamiento mental y el despliegue humano

Hoy, más que siempre, las nociones de verdad y realidad y el concepto de ciencia, -tan profundamente conmovidos por las investigaciones y por los pensadores actuales-, se acercan, sorprendentemente -si bien en medio de tormentas y pasiones- a convalidar la centralidad del corpus teórico que edifica el descubrimiento freudiano del inconsciente como productor, y las características de la condición humana como efecto del encuentro somatocultural.
Pero, hoy también nos preguntamos todos, si los dispositivos protectores y las condiciones de este organismo vivo que es el mundo, la cultura y los humanos, siguen contando en estos tiempos con los recursos básicos y las compensaciones prospectivas que permitan actuar a la casi legendaria capacidad de recuperación y recreación de la especie humana y de la cultura, en su sentido más amplio, entendida como hominización. Estos dispositivos propios del predominio de Eros, el bien, siguen disponibles, o no tanto....?, y, que más podremos hacer, como analistas?.
Y nos preguntamos, ¿cuales son nuestras respuestas actuales que -como efecto de responsabilidad y honestidad intelectual-, se sobrepongan, en la posición de los analistas, revolviéndose contra el estricto ejercicio del bien común y la sobrevivencia, entendida como extremo adaptativo, deserotizante y alienante?. Un ejemplo social -de impacto visual de revuelta y desalienación que toma por eje el racismo y todas las formas de renegación-, es la poderosísima y exitosa campaña publicitaria de la empresa Benetton.

Estamos enfrentados a los efectos inusuales de la compleja y devastadora acción silenciosa del pánico, que reintroduce la confusión entre deseo y necesidad, y acelera cierta precipitación, llevando a atravesamientos y rupturas en la trama del contrato social, en la cual deja "grietas". Por estas grietas se filtra el retorno del des-ilusionado primitivismo. De la mano de Bion y los supuestos básicos, constatamos que son observables algunos "nuevos funcionamientos grupales", o tal vez, deberíamos de decir, el retorno de antiguos funcionamientos, que a veces se van acercando más y más a la categoría de la masa/horda. Recordamos el libro y el film "El señor de las moscas”, basado en la novela homónima de William Golding.
En tanto, estas rupturas y demandas de la cultura y de la ciencia imponen renovados trabajos de sutura y re-creación, en los que estamos comprometidos también como analistas. Se trata de quiebres del efecto especular fundante en el funcionamiento psíquico. Y en el ámbito socio-cultural, institucional, y en la comunidad psicoanalítica, el pensamiento psicoanalítico es convocado a una participación activa en poderosas, multifacéticas, efectivas y constantes acciones de la razón, entendida como el pensar desalienante, que rectifiquen la deriva regresiva, cuestionando por ejemplo el elogio pragmático de la acción, y el paralelo desprestigio de la reflexión y de la experiencia como tal, como momento subjetivante.
Estas otras acciones de la razón apuntan a recuperar el marco de un "espacio" para la inteligencia, en el cual se pueda pensar al mundo actual, del cual todos somos parte vital.
El estado "actual", en el más estricto sentido de angustia actual en psicoanálisis, es el efecto complejo de una multideterminada vivencia de exigencia y aceleración, coincidente con un “estado de desesperanza y desamparo”, como dirían Freud y Bion. En esta coyuntura de dislocamientos y transgresiones, surge el clima de des-ilusiones y pánicos, también correlativo a lo que podría llamarse: "la actual dis-función paterna". Se vuelve imperiosa la necesidad de rescatar-nos de estos impactos y del escepticismo, como analistas y como Instituciones, a través de estas y otras re-visiones compartidas, profundas y articuladas con la clínica, para sostener la idea de la cura y la “nueva escucha” de los malestares "actuales", agravados. Para ello retomamos como hilo conductor algunas de las claves, de sorprendente actualidad en los textos socio-culturales fundantes de Freud: "Psicología de las Masas y análisis del Yo", "Totem y Tabú", "El Porvenir de una Ilusión" y "El malestar en la cultura" junto a "La moral sexual cultural y la nerviosidad moderna".
Esta "nerviosidad moderna" freudiana, siempre igual a si misma, se presenta hoy en la consulta -a mi entender-, como una clínica de la fragmentación y la supervivencia, generando un cuadro que nos lleva a preguntar -enfrentados a los complejos estados mixtos en nuestra clínica cotidiana, donde represión y desmentida parecen oscilar e intercambiarse en imprevisibles modalidades-, ¿dónde está la angustia?,...¿cuál es el síntoma?...¿se debe a que no tiene palabra aún, o no hubo escucha y dejó de ser dicha a “ese alguien” que no estuvo allí vivo y dispuesto a…?.
También nos preguntamos ¿cómo se construyó el estado social actual des-subjetivante y obsesivizado?.¿cómo es que nuestra era actual influye para producir ese “alguien” esfumado y debilitado, el otro que no escucha?
El consecuente aislamiento autista tiende a avanzar sobre la comunicación intersubjetiva, jaqueada por los sistemas que estamos investigando.
A mas de 30 años de la revuelta de Paris y de la propuesta juvenil de elevar la imaginación al poder, -propuesta que profundiza C. Castoriadis en su dimensión metapsicológica y cultural-, nos enfrentamos, en contraste, con sus espasmos.
Espasmos de la imaginación, que dan lugar al tema de nuestros títulos: la desilusión y el escepticismo. El desconcierto crece y produce un angustiante estado de aislamiento mudo en el pánico.
Sería una dinámica de mal pronóstico si no se revierte. El mal puede pasar por bien y el bien por mal, -las brujas se lo dicen a Macbeth, que vuelve ya trastornado, de la guerra- a causa del dolor que se borra, y la palabra que cae. Este sujeto aislado, necesita ser reencontrado, por alguien que –como analista en su campo y encuadre- sabe de esto.
Es el hombre social, el que elige el precio de encontrar al otro, el que crea y re-crea la cultura, base de la ilusión freudiana de razón y progreso, en su carácter de utopía estructurante.
Estos cíclicos retrocesos de la subjetividad y la imaginación creadora, a manos del "realismo" y del deformado y engañoso efecto de señuelo del actual “apremio de la vida", van dando lugar -como lo comprobamos en la clínica- a una desconcertante patología de fragmentaciones anestesiantes, y, a un incremento de defensas de modalidad esquizo-autista, que configuran un estado de fragmentación activa de la experiencia.
Es un trueque por enroque diría un ajedrecista. Se trastoca la tendencia pulsional erótica, poniéndola a “trabajar en negativo”, en una deriva a veces irreversible, que se presenta como fracaso también en la cura, ante los problemas inherentes a la elaboración de la báscula del narcisismo -hacia libidinal o tanático-, que es determinante en la encrucijada estructural que se juega, entre "Duelo ó Melancolía".
Los analistas nos encontramos en este campo de perplejidades clínicas, sociales y técnicas que desafían sus propias transferencias protectoras, que precisan estar articuladas -a mi entender- en tres campos referenciales identificatorios: una transferencia al corpus teórico de la obra de Freud, una transferencia a la Institución de pertenencia y una transferencia a la comunidad psicoanalítica.
Y el analista precisa encontrar la posición teórica y técnica que le permita "hacer analizable la falta de demanda y la angustia muda". Todo se conmueve. Y se pregunta, una y otra vez, ¿cómo hacer ante estas neurosis “narcisísticas”, las así llamadas “nuevas neurosis actuales” y el campo de la clínica de la "psicosomática"?. ¿Cómo se sostiene su pensamiento y su técnica psicoanalítica ante esta multifácetica clínica cotidiana?...y ¿cómo pensar el marco formal..., su posición como analista?..., ¿como formular las diferencias, si las hay, en estos campos y en estas patologías, que no parecen hacer transferencia?
Freud diferenció neurosis de transferencia y neurosis narcisísticas; estos sufrimientos "actuales" aparecen ubicados en una zona de superposiciones y transiciones entre ambas. Borde, que se sitúa precisamente, “entre”. El analista es convocado más y más a poder posicionarse -a mi entender- en los tres campos así definidos, los que configuran a su vez tres encuadres, en fuertes interacciones y fluctuaciones, no muy reglables.
Winnicott, clínico de las patologías graves, tiene mucho que decirnos al respecto. Lo re-consideramos más aún hoy, con la recuperación de S. Ferenczi.
Primero reexploremos a Freud, con nuestro helicoide, característico del pensamiento “a posteriori”, del psicoanálisis actual.
Las relecturas se imponen.


-Este hoy: “Malestar en la Cultura”...Bienestar en la cultura...

La angustia confusional acecha y busca alivios.
Se intenta remendar las crisis de este espejo “agrietado” -que ya no es tope-, con nuevos objetos.
Fetiches y señuelos circulan en una bulimia in-formática y de imágenes, objetos y valores que, al esfumarse perecederos, aceleran la escisión, yendo hacia la cronificación de los patrones de fragmentacíón. Aparece su contracara, la anorexia, como modalidad de rechazo absdoluto ante el terror del sin fin devorador del exceso. Y la excesiva cercanía –siniestra- del fantasma de la transgresión...amenaza con atravesar el espejo de Alicia en el País de las Maravillas. Se daña el trabajo de representación y el proyecto identificatorio del Yo singular. La eficacia del placer de representación cede, y retrocede ante el placer de órgano; el trabajo de Eros está amenazado de desarticulación en estas situaciones socio-culturales.
Se daña la producción de la trama de la ilusión y la esperanza.
Este hoy, también padece la oleada de sugestión mediática que introduce esa otra búsqueda, insaciable/imposible…cada vez más cerca del agalmático objeto del enigma, el sobreviviente deambula en busca de “aquel algo del objeto” del tiempo perdido de Proust, que con razón supone ubicado en ese borde entre virtualidad y realidad, pero, adicciones mediante, la serie de los objetos le llevaría regresivamente hacia el umbral de lo prohibido,…umbral de la percepción” de Aldous Huxley.
Demasiado cerca de "lo familiar siniestro", ese borde entre se sitúa “más acá y más allá del espejo” de los tiempos fundantes del funcionamiento mental.
En la persecución del inhallable objeto agalmático, -fetiche fundamental que cubre al semejante del complejo del semejante de esos tiempos primordiales-, vemos que ciertos fenómenos de la cultura tienden a arrasar, en la literalidad, también el “como si” metafórico del comportamiento del “juego de los sexos”.


- Los trastornos -¿actuales?- del pensar representacional

Algunos de estos factores provienen de nuestro modo de usar las tecnologías, -aún incipiente y no bien pensado-, que asedian el tiempo básico y las condiciones de posibilidad del pensar representacional. La angustia retrocede a su cualidad de neurosis de angustia o histeria de angustia.
Y los padres, llevados a evitar su condición de mortales, se escurren de su función de interdicción y soporte de la ley. No hay entonces, ordenadores claros a desafiar, se va aplanando el triángulo edípico. También las instituciones lo padecen, como tendencia.
Vivimos esta fase u oscilación pendular cultural a merced de una tal velocidad -otro de los ejes de la problemática actual- que se le impide a la razón que llegue a tiempo, generándose un estado de crisis persistente, donde los referentes identificatorios solo pueden ser tomados como dogmas ó baluartes, o amenazan disolverse ante el empuje acelerado de la complejidad cotidiana y de los traumáticos encuentros con la polución escópica, que seduce hacia la tansgresión.
Y con las repudiadas diferencias, que invitan a la violencia paranoica.
La alteridad en jaque, enfrenta nuestra psiquis, abrumada con las diferencias de civilizaciones y valores, que, como en un continuun, "se ven" en vertiginoso show, que en "tiempo real" debido a la globalización, nos dejan casi sin tiempo para pensar lo que vemos.


- La función paterna y el contrato social.

Siempre en interacción, la función paterna y el contrato social experimentan, en esta actualidad fragmentadora, una tendencia negativa. Se des-dibujan y des-entraman, des-hilachándose y dejando a la civilización en el inquietante desamparo y la tóxica desesperanza. Urge tejer -a veces solo con la amargura y la desilusión- mensajes y discursos, que serán mensajes contra la desinvestidura; Eros lucha con lo negativo.
Otra cosa es la reacción, el cambio prospectivo, la revuelta. Este es el lugar del analista. Lugar de la escucha inconciente a sostener, al reencuentro permanente de la subjetividad y del sujeto singular, en una actitud de ciencia romántica.
J. Kristeva, (en "La necesidad de la revuelta", "La Nación", domingo 3 de Agosto de 1997) coincide, señalando que esta necesidad de revuelta que nos recuerda, como decíamos, a París Mayo de 1968, se debería a que "Se está perdiendo y violando de continuo el contrato, el pacto que se halla en la base de la sociedad". "Nada tiene -nosotros diríamos: nada sostiene o mantiene -valor". También nos opondremos al impacto de un realismo salvador, propio de estos tiempos, inculcado a veces ya en la crianza -según O. Manonni-, realismo que surge con fuerza, asimismo, en el campo de la salud mental, otorgándole realeza al objeto y a la necesidad, como satisfacción sin deseo. Se acentúa el comportamiento esquizoide, de falso Self, que va debilitando, como decíamos, el valor de la subjetividad y la centralidad del sujeto.


- La velocidad y sus desvíos.

Algunas expresiones de la globalidad -ya entre nosotros- son monosílabos en idioma inglés, que muestran elogiosamente significativas alusiones a la ligereza, brevedad, superficialidad y sobre todo: velocidad y aceleración, y son portadores de efectos que, instilados, refuerzan la tendencia objetivante de algunos valores culturales, y así ejercen su efecto como poderosos referentes identificatorios: - Light – Flash – Show – Fast - Soft - Surf (decía J.P. Sartre:¡”Glissez, mortels!¡N´appuyez pas”!)


- Del yo "virtuoso" al "yo inmortal": el abismo del yo virtual.

Entre el yo "virtuoso" y el "yo inmortal" surge el abismo. Gap sobre el que intenta flotar, asustado y aislado, el yo de hoy. Los rápidos pasajes del yo "virtuoso" del logrado trabajo gerencial de "El yo y el ello", al yo "virtual" -que busca recursos expeditivos que le permitan ir surfeando en "la levedad del ser", en busca cada vez más acelerada del siempre anhelado "yo inmortal"-, nos indican que en la condición de “casi neurosis actual” lo virtual colabora en el "aturdirse", y prepara para la anestesia del sufrimiento, seduciendo con la promesa de realizar ese eterno anhelo de levedad, que pretende surfear sobre el des-ajuste que nos constituye. Es un estado clínico que hoy desafía a la psicoterapia psicoanalítica.
Por otra parte, sabemos que la cultura y la ciencia brindan, como siempre, inmensos recursos de progreso y bienestar para el presente y el futuro de la humanidad, como decíamos antes. También, dan lugar a ser abusivamente explotados, llevados por ese anhelo de inmortalidad y autosuficiencia. Y esa es nuestra vulnerabilidad. También la locura de los crímenes contra la humanidad nace así, en una serie de deslizamientos y sofismas que desembocan en algún cambio cualitativo, a veces irreversible, que solo suele detenerse ante un holocausto.


- “Alicia y el espejo”. Entre sueño, ensueño, fantaseo y vida.

¿...Más acá...más allá del espejo y del placer? Inmersos en estos y otros efectos inquietantes, nos preguntamos, como analistas, si las patologías en sus formas actuales surgen a causa de estar atravesando tecnológicamente -sin saberlo y sin buscarlo expresamente-, los secretos de la complejidad, en los umbrales del desciframiento del misterio de la vida, y estar afectando de un modo no conocido aún, como decíamos, las condiciones de posibilidad del funcionamiento mental, y produciendo un otro tipo de incidencia socio-cultural cualitativamente diferente y tal vez inmanejable, o más difícilmente reversible.
¿Se parecen o no estas circunstancias, a las crisis conocidas de la humanidad?
Nos encontramos en lo cotidiano actual como "Alicia (que cree entrar) en el país de las maravillas". Asediados escópicamente y embrollándonos en la virtualidad del juego del espejo, vamos entrando y saliendo de él aceleradamente, y a veces, demasiado "a solas", sin el otro estable como referente antitanático; a menudo también sin el tiempo mínimo, para “darse cuenta”.
Ante este escenario, estamos convocados -los intelectuales y la ciencia contemporánea- a una comprensión "distinta", y a un nuevo compromiso de accionar en el campo de la cultura y la interciencia y en la transmisión del psicoanálisis, como dimensión del sujeto. Desarrollamos -como lo hacemos en la APA-, un trabajo metapsicológico que también habilita para señalar los puntos de ruptura y los factores de riesgo actual, activos en la trama fundacional de lo sociocultural, haciéndolos conocer a los especialistas, a los responsables del funcionamiento de las instituciones en general, y a los analistas, soportes de la práctica y de la vitalidad institucional del psicoanálisis.
Queremos destacar también sus efectos en las formas clínicas actuales del sufrimiento, a veces solo vestidas con ropajes nuevos. Otras veces constituyendo nuevos cuadros mixtos, muy determinado por estas tendencias actuales de “lo adecuado”, lo cual aumenta la dificultad de su abordaje y hace su pronóstico incierto.
También observamos -desconcertados- que otra pauta básica sociopolíticocultural que sostiene que "los medios delatan los fines", se desliza, a través de una complacencia liviana (light), blanda (soft), desdibujada (show) y acelerada (surf), hacia su reversión y negativización mortífera, que admite que "el fin justifica los medios".
Así es como las instituciones sociales, y aún las científicas, sufren los efectos de esta reversión que refleja el pánico latente de crisis, motivador también del drama filicida/fratricida subyacente.
El pánico refuerza la fragmentación y la idea de supervivencia, a cualquier costo.


- ¿Qué nos proponemos?

¿Hay conflicto en el ámbito de los psicoanalistas...?, ¿hay diferencias? Bienvenidas. Esa tensión, si las sostenemos, nos estructura. ¿Hay celos y rivalidades?... Excelente. Estamos en el orden generacional del tiempo edípico. Podemos -si nos percatamos- también divertirnos, en las pausas festivas, donde cada uno se puede re-conocer en el encuentro con otro, necesario y más amigo que enemigo, sosteniendo el “disenso curioso” en el pluralismo, a sabiendas de que no hay un saber absoluto, ni completo, ni con-sagrado, y de que la asociación triunfa, vía pacto social.
Y, -¡oh sorpresa!-, aún en el terreno de la economía y la política globalizada... esto es así.
En cuanto a la transmisión del corpus freudiano, éste conocimiento abierto creativo no se adquiere por imposición. Se presenta, en la transmisión, permeable a "la sorpresa", y al descubrimiento. La sorpresa, descripta psicoanalíticamente por N. Goldstein, es patrimonio del juego, la curiosidad, el descubrimiento y la presentación del inconsciente. La disposición a la sorpresa es opuesta al deseo de certeza, y de predictibilidad, descubre y crea nuevas formas de enfrentar lo des-conocido, ó más bien, diríamos, “conocido no pensado aún”, según Ch. Bollas.
La fuente de inmediata dis-tensión, placer y alivio que ofrece el truco de la polución virtual escópica acelerada, en ausencia del “otro” carnal y sexuado, se constituye, como búsqueda ideal, en un mega señuelo escópico, que compite, desde los fundamentos, con el placer de contacto, de orden somatopsíquico, y con el accionar pulsional que quiere imponerse al psiquismo como "exigencia de trabajo".
Son funcionamientos psíquicos que se pueden trucar por sustitución, como vimos con O. Mannoni: la necesidad puede ocupar el lugar del deseo, ¿enroque contemporáneo?...


- Así, es imposible “decir” este sufrimiento: la clínica de la angustia muda

La manipulación global acelerada de la distracción, propicia el mecanismo de desconocer lo negado. Se pierde de sí ese fragmento propio de sufrimiento, de “ser afectado”, experiencia de displacer protector vital.
Una específica función del analista actual -y por venir- es saberlo, y hacerlo saber. Rescatar ese fragmento -esencial- de "sufrimiento" motriz presente en la angustia social, y destacarlo lo más oficialmente posible.
El analista, como parte de una comunidad, se debe a un compromiso particularmente sensible con el psicoanálisis, y depende, para su existencia como tal, de metódicas y frecuentes auto-observaciones rigurosas, a fin de ejercer el desenmascaramiento constante de la desmentida, la destructividad y el goce enmascarado, entendido como masoquismo esencial y re-tornante, más aún en la actualidad.
Hoy, se encuentra expuesto en alto grado a distintos riesgos que tienden a acercarlo más a un destino marcado por la pérdida de la intimidad y la presencia de un Superyo intrusivo vigilante, descripto por A.Huxley en "Un mundo feliz".
El inconsciente es irrupción, sorpresa, disconfort; si bien, se trata de un "mal-estar" que impulsa, divierte y crea, incansablemente, nuestro bienestar posible; también esto es cultura: bienestar posible e ilusión con producción.
El sujeto por sí solo, intentaría librarse del dolor y buscar el bienestar, el más rápido y económico. Buscaría el ilusorio e imposible equilibrio, huyendo del sufrimiento; el "principio del placer" freudiano podría ser puesto al servicio de la autodestrucción, también en la dimensión comunitaria, en forma enmascarada y compartida.


- Fragmentación y supervivencia.

Se puede individualizar –a mi parecer- un sindrome que podríamos llamar sindrome del sobreviviente, que parece corresponder al pánico de la psicología de las masas, esclarecido por Freud. El sujeto tiende a acentuar mecanismos de dis-persión y fragmentación, recurriendo a la dis-tracción y a la anestesia para dar lugar a una organización psicopatológica que parece ser una respuesta a esta coyuntura, basada también en la fragmentación de la experiencia, según G. Agamben, y en el espíritu de supervivencia.
Podríamos decir:


- Hoy, el psicoanálisis solo es Artesanal, diríamos con Willy Baranger.

En la era de la racionalidad, el realismo y la necesaria? exitosa adaptación -en la que es cada vez más notoria aquella sustitución del deseo por la necesidad- las entidades: neurosis, psicosis y neo sexualidades aparecen más y más imbricadas y muy complejas, prestidigitadas por el accionar de los efectos patógenos de nuestras coyunturas socio-culturales. Y la posición de los psicoanalistas, su obrar depende de la elasticidad de su artesanía cotidiana, donde el centro es siempre el pensamiento analítico y la imaginación, en un marco o encuadre pensado, que sostiene la actividad psíquica, fundamento para Eros.