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EL NIÑO COMO OBJETO TRANSICIONAL DE LA MADRE: DEMANDA DE DEPENDENCIA REVERTIDA


Raquel Zak Goldstein
1997


"La "ternura" de los padres y personas a cargo de la crianza, que rara vez desmiente su carácter erótico ("el niño es un juguete erótico"), contribuye en mucho a acrecentar los aportes del erotismo a las investiduras de las pulsiones yoicas en el niño y a conferirles un grado que no podrá menos que entrar en cuenta en el desarrollo posterior, tanto más si ayudan algunas otras circunstancias".FREUD.
Tomo XI, "Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa" (Contribuciones a la psicología del amor, II)
1912 ed. Amorr. pág. 174. (el destacado es de Freud).


Winnicott descubrió y desarrolló el concepto de transicionalidad, nosotros vamos a integrar a estos desarrollos, la noción de campo relacional, siguiendo el enfoque de campo dinámico de Madeleine y Willy Baranger, para situar la transicionalidad, en el campo subjetivo, de la particular "relación" lactante-madre. Esta "relación" centra a mi entender un "campo propio del contexto fundante" de la estructuración del aparato psíquico que conducirá al infans a constituirse como sujeto humano dotado de lenguaje, (R. Z. Goldstein, Montevideo, FEPAL, 1992).
En este campo, es también de fundamental importancia revisar la compleja noción de "función materna" en su eficacia como barrera protectora anti-estímulos, y su funcionamiento como Yo auxiliar; cuestión que también Masud Khan consideró, como Freud, en relación al trauma.
La cría humana, destinada indefectiblemente, (salvo "daño cerebral", como dice Winnicott, o daño de la "indemnidad biológica"), a la hominización, vive primeramente, inmersa en la dialéctica identificatoria involucrada en esta "relación" lactante-madre, perspectiva que Freud articuló en varios de sus textos, como el "Manuscrito M", "Introducción del narcisismo", "Pulsiones y destinos.."., "El Yo y el Ello", "Psicología de las masas...." y otros.
Selecciono esta secuencia para destacar uno de los ejes freudianos, en la noción de “otro prehistórico” el del “amor inolvidable” en el que se sustenta nuestro tema, presente ya en "Tres ensayos...." donde dice por ejemplo: ..."Se puede parangonar esto con la proverbial pervivencia del primer amor en las personas normales ("on revient toujours a ses premiers amours")...., destacando la validez central que adquiere en su obra "ese primer amor".
Para desarrollar por qué decimos que el niño, aún antes de iniciar su propia actividad transicional, es "juguete erótico" y objeto transicional para la madre -como parte del campo transicional que constituyen ambos- y cómo vemos la potencialidad estructurante o patogénica de esta situación, vamos a investigar algunos de los procesos que tienen lugar en esos primitivos momentos.
Este campo se constituye como efecto de la reversión normal y transitoria de la propia experiencia de dependencia y la transicionalidad materna, reversión de su demanda de dependencia infantil, dialéctica del "estado de desamparo"/amparo en la dependencia absoluta según Winnicott, donde tiene un rol central la "empatía" primitiva entendida como la "einfuhlung" freudiana y sus efectos en la inauguración erógena y en la "transmisión" indispensable y constitutiva del psiquismo.
Estos procesos en su manifestación normal,son breves, y determinantes.
Pero, aún siendo breves, son la base de lo que durante toda la vida, será la condición para vivenciarse a sí mismo, constituirse y sostenerse como ser humano. Porque ser amado, equivale a "SER PENSADO" por el "otro significativo", al cual Freud se refiere al decir "on reviens toujours...", el primer amor.
Veamos cómo ilustra esto Pirandello, logrando conmover al mundo entero, con su conocimiento de poeta, en la inmortal glosa de la despedida amorosa del hijo a la madre "amada-amante".
...."sentado en la vieja casa familiar
frente a la imagen de la madre muerta....
Madre: No llores, yo estoy bien.
Hijo: No lloro por ti, lloro por mi
porque ya no estás para pensarme".

EL NIÑO COMO OBJETO TRANSICIONAL

Siguiendo a Winnicott, Susana Jallinsky dice: dice, siguiendo a Winnicott: "Si el bebé sigue siendo para la madre aún un "objeto subjetivo" (Winnicott, 1962-6), una prolongación de sí misma, también lo ve como un "objeto objetivo", desconocido y ajeno, por lo que deberá rehacer el proceso psíquico del mismo bebe que ella fue para su propia madre, creando y hallando el objeto (Winnicott, 1971). De esta manera la madre inviste libidinalmente al pequeño viviente, y es a través de esta originaria y original relación como el bebé experimenta su sentimiento de ser, que depende de la calificada función materna para ampararlo. Amparo es, según Winnicott, "la base de lo que poco a poco deviene un ser que se vivencia a si mismo" (1969), ["Lo originario y lo original de los procesos del pensar identificatorio" (Revista de Psicoanálisis, A.P.A., 5-6, 1991)]
Diría pues que el “estado de amparo” es la condición psíquica que produce el ser pensado por la madre deseante, en estado transicional de empatía psicosomática con el infans, estado que con-tiene su "estado de des-amparo".
Por un breve lapso en el cual la madre es tentada de "adoptar" su cría, y llevada a re-activar el campo específico de sus propias vivencias arcaicas, su campo transicional, en el cual ella fue a su vez juguete de su propia madre, para luego instalarse, vía identificación, como "niñita jugando con bebés y fundando una familia, como dice Donald W. Winnicott.
En este "campo transicional" re-activado en la madre adoptante de su cría, ella califica al infans como transitorio objeto transicional. Es por su estructura intrínseca un área de ensoñación, habitada por los fenómenos que Freud describiera en "El creador literario y el fantaseo" (1908, tomo IX, pág. 129-130), donde dice: "Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; solo lo hace el insatisfecho. Deseos insatisfechos son las fuerzas pulsionales de las fantasías, y cada fantasía singular es un cumplimiento de deseo, una rectificación de la insatisfactoria realidad".
Winnicott enunció en forma similar, una actividad temprana del infans consistente en un "encuentro" -a la manera de puente-, entre la actividad alucinatoria de la experiencia de satisfacción y la creciente percepción objetiva, actividad que conlleva un tipo de "uso" calificado de diversos elementos del entorno físico inmediato del bebé, y que llamó "fenómenos transicionales", los cuales otorgan a ciertos objetos el valor de objetos transicionales.
Se trata de objetos "de fabricación humana" -dirá en algún momento J. Lacan, cuando reflexionando sobre las relaciones entre objeto transicional, objeto "petit a" y angustia en el Seminario X: La Angustia- hablamos de los objetos en los que se sostiene el objeto para evitar la angustia, a los cuales el bebé se aficiona y usa para calmar la angustia ante la ausencia.
Y es en el transcurso de este "uso" singular, aficionado a ese o esos "objetos elegidos", transicionalizados, como el psiquismo jugando, se va constituyendo “va siendo”. Efectos que se traducen, además, en el alivio de la angustiosa vivencia del "estado de desamparo" en el que acompaña amenazante, estos tiempos estructurantes ( Freud, Proyecto de...., 1895).
En la periodicidad-rítmica de la continuidad-discontinuidad del vivenciar inicial, la transicionalidad del infans surge como cualidad esencial del funcionamiento psíquico y va conquistando como posesión, a la par que la diada madre-lactante va construyendo inicialmente entre ambos, el "área de ilusión", actividad que con justa razón, podemos homologar al "fantasear" descripto por Freud en el artículo ya citado, donde construir y crear está asociado con los sueños diurnos:....

EL CAMPO MATERNO (una re-edición transgeneracional)

La cualidad de la actividad psíquica que se despliega en el campo de la diada, junto al inicial quehacer lúdico del infans, se corresponde, con las características de la ensoñación y el fantaseo. Situada, a mitad de camino entre el dormir -como retorno al tiempo del narcisismo primario-, y la observancia de las condiciones de la realidad objetiva, esta realidad es precisamente la promotora de la incrustación-instalación en el Yo real primitivo de la doble polaridad: Yo-no Yo, base del Yo placer, base de la estructuración psíquica.
Es un campo de ensoñación recíproca, entramada en la actividad lúdica productiva y creativa propia del infans, en tanto la madre funciona como barrera anti-trauma, Yo auxiliar y primera seductora. Winnicott considera que es aquí donde hace su aparición el niño, en vías de cachorro humano.
El niño, debido a la singular investidura parental y, en particular, por ser soporte de la necesaria narcisización materna entre otros factores, pasa a ser su "objeto a" -causa del deseo-, y hace lugar para otros significantes privilegiados parentales como:
-Cría humana
-Osito de peluche
-"His Majesty the Baby" -"juguete erótico"
-entidad desconocida voraz-insondable
-"receptor" del deseo inconsciente de los padres.
-"receptor" de las identificaciones proyectivas maternas diádicas
-objeto representante de....


LOS JUEGOS TRANSICIONALES DE LA MADRE

La madre, al retomar sus propios juegos y fenómenos transicionales, enmarca con ellos lo que he conceptualizado como el campo del contexto fundante singular, campo situado entre dos polaridades: el júbilo identificatorio y el estado de desamparo que vive el infans.
Y así le "impone" a esta cría humana "su destino".
La madre buscará en el niño aquel todo de su propia fusionalidad que tuvo que des-conocer: eso que ella ya no es y no tiene.
Y el niño pasa a ocupar, en este comienzo, necesariamente narcisizante, el lugar majestuoso: "His majesty the Baby", el Falo, la completa autosuficiencia e inmortalidad anhelada.
Todas estas "imposiciones", teorizadas como violencia en un trabajo de equipo que he presentado en Viena, IPAC 1971: "Observación psicoanalítica múltiple de bebés", son aspectos estructurantes decisivos y fundantes del psiquismo.
Los juegos maternos y cuidados corporales prodigados al bebé, son también los modos operativos de estas ineludibles "intrusiones estructurantes" del erotismo vital e inaugural, que presiden la actividad recíproca de mamar y ser amamantado.
Breve lapso en que el infans, -en estado de “fascinación y servidumbre enamorada” (Freud, tomo XVIII, pág. 107) es “objeto” transicional de la madre, y deberá ser liberado para desear.
Es durante el curso de esta última dependencia en "perfusión vital" con la imprescindible actividad inaugural materna que la acompaña (como "lo diverso", "lo otro" según Freud), cuando se inicia el trabajo del Yo primitivo real, sobre “ese algo" vivencial externo-interno, categoría definida por Freud como Complejo del semejante" (Proyecto de psicología...1895); ahí transita el corte al estado fusional, y la interdicción.
Veamos: “...la misma sumisión humillada, igual obediencia y falta de crítica hacia el hipnotizador...El hipnotizador ha ocupado el lugar Ideal del Yo...” (Freud, “Psicología de las masas y análisis del Yo”, tomo XVIII, pág. 108).
La madre, a mi entender, se constituye en este campo primitivo, en la primera hipnotizadora, recipiente del Ideal del Yo, lo cual la dota de un poder absoluto; circunstancia propia de los tiempos primordiales que puede ser considerada absolutamente decisiva y grávida en consecuencias....
La dependencia se puede patologizar precozmente.
Osito de peluche, cachorro que conmueve en su propia matriz la reacción primordial ante la cría, el infans-niño, se sostiene como tal, precisamente, gracias a la evocación -revertida- de la propia experiencia de dependencia, inermitud, desamparo y fascinación narcisística, presente tanto en la madre, como en el padre y en las familias.
Juguete blando, "maleable", dispuesto a responder "en espejo" en tanto la madre "lo ensueña" y "se ensueña en él", empatía mediante, tal como cuando jugaba, soándo despierta; ..."la empatía -dice Freud- nace solo de la identificación y la prueba de ello es que tal infección o imitación, se establece también en circunstancia en que cabe suponer entre las dos personas una simpatía preexistente..." (Freud, “Psicología de las masas y análisis del Yo”, tomo XVIII, pág. 101). Los procesos proyectivos-introyectivos van circulando entre ambos, y logran reducir la angustia, al otorgar representabilidad y sentido a los diversos estados del infans.

WINNICOTT: PAPEL DE ESPEJO DE LA MADRE Y LA FAMILIA EN EL DESARROLLO DEL NIÑO

La madre "lo mira" y busca su mirada, tal como hizo con su propia madre, tal vez para re-conocer en el bebé a "ese otro prehistórico inolvidable" que ella aún -nostálgicamente, según Freud- sigue añorando (Freud, Carta 52, 1897).
Este "jugar" materno, reedita su propio jugar infantil, que repite de generación en generación, el "jugar" transmisor y estructurante de la actividad transicional. Se va poblando el campo del ensueño creador, y se "anima", inyecta alma, ánima (Sehle) en los ositos, muñecos o soldados. A través de sus "guiones privados" con los cuales ensaya, cada niño, una y mil veces, diseña sus soluciones y destinos para el triángulo abierto que un día se incrustó en su mundo ideal inicial, el del circuito de la economía de dos, la "ilusion" fundacional y fusional de Winnicott .
El infans reacciona en el circuito diádico como un espejo-reflejo de la madre. Esta intersubjetividad naciente sugiere la promesa de completud y autosuficiencia, que deberá caer para constituirse como sujeto. Se trata de la eterna y mortífera trampa del momento narcisista fundante, indispensable para que "His Majesty..".se afirme en el trono del Ideal, pero ....del cual deberá ser siempre, simbólicamente derrocado, para poder desear y vivir.
Llega el tiempo del "desencuentro liberador", de la desilusión para ella. Pero... ¿será soportable para la madre?. Porque se entiende cuán doloroso es que tenga que transitar nuevamente las trazas de aquel sentimiento de malestar, desamparo e inquietud insaciable, propio de los tiempos estructurantes.
Y es ahí donde puede aparecer la tentadora solución, el tan accesible alivio que provendría de la aceptación -reunificadora- de esa disposición espontánea y permanente al "apego esencial" que el infans ofrece, en cada mirada y en cada gesto de enamorado.
Nada más fácil que un inadvertido abuso de esta oferta. Una sutil explotación, algún exceso del placer que se brinda en el "don de amor" que se intercambia con ese "juguete majestuoso, radiante y erótico", completo y disponible. Ese "juguete erótico" que Freud descubre en nuestro epígrafe, juguete de jubilosas respuestas inmediatas, exhultante ante la aparición anhelada y anhelante del rostro familiar amado, se ofrece todo.
!Por fin!, siente la madre. !He aquí una "relación sin -aparente- ambivalencia"!. Sin ese eterno trajinar que reclama, al decir de Winnicott, el cotidiano correlato entre mundo interno y mundo externo.
Pero..., ese don de amor, esa relación de dos, ni es siquiera relación aún. Es solo el espejismo de una relación. Espejismo que la madre, llevada por su herida, intentaría sostener, en una "reversión" de la normal intersubjetividad asimétrica, que caracteriza el encuentro bebé-adulto. Este encuentro que inicialmente es de "dominio-sumisión".
Pero es necesario que esta dependencia primitiva y la intrusión fundante que conlleva, no deriven en una "sumisión o adaptación" consolidada, la cual instalaría las bases de una patología temprana, tan investigada en estos tiempos, en función de la cura en patología de borde.
Estas reacciones de sumisión-adpatación están "pre-dispuestas", dada la endeblez estructural del aparato psíquico, y conforman las bases de un trastorno de la reversión normal que, de transitoria, pasaría a ser estable.
Se debe a que nacemos, como cría humana, en un estado de prematuración -señalada por Bolk-, que nos predispone a la primacía del otro, en una servidumbre imaginaria.
Este estadio está vinculado al predominio de la dimensión visual de esos momentos iniciales del contexto fundante, situación que J.Lacan teorizó como "Estadio del espejo", cuyos fenómenos presiden el advenimiento y la consolodación de la imagen unificada del sujeto.


LA PATOLOGIA LLEVA A UNA DEMANDA DE DEPENDENCIA REVERTIDA (una madre imprevisible)

La manifestación clínica de una forma larvada de dependencia patológica y crónica de la madre hacia el bebé, que deriva de su necesidad de una actitud expectante del niño hacia ella, es descripta por Winnicott en el caso de la relación del niño con "la madre imprevisible", la del humor cambiante, "impronosticable".
El niño, frente a esta modalidad materna queda atrapado, en la imposibilidad de pre-ver o pronosticar el talante materno, no logrando componer una respuesta adecuada y estable. Debe, en cambio, "depender"....de sus expresiones y gestos, día a día, momento a momento.
Toda madre, sabe bien que su niño la ama y la necesita siempre. Que la aguarda y observa, atento y anhelante, buscando en la mirada ese reconocimiento, prueba de la permanencia de su amor, base de sentimiento de existir, al ser pensado por el otro.
En estos casos, la dependencia infantil, que normalmente promueve una reacción empática y alerta de la madre que avizora para cualificar y así calmar en el niño sus estados de angustia, se "revierte", dando lugar a lo que podemos entender como una demanda de dependencia patológica.
Paso a relatar una viñeta que ilustra la inquieta vigilancia del hijo hacia el rostro materno, una de las variantes posibles de esta situación paradigmática de la patología, una forma larvada de la reversión, causada por la necesidad enmascarada de dependencia de la madre.
Este drama que subyace a la persistente mirada alerta e inquieta de un niño hacia el rostro de la madre, se me hizo evidente en el transcurso de un trabajo de supervisión, en cuyo material apareció una modalidad de la paciente, a la cual su marido denominaba humorísticamente, una "neurosis térmica". ¿ De que se trataba?. Veamos la viñeta clínica. Esta mujer, relativamente joven, nunca antes analizada, iniciaba, pocos meses antes, su análisis con el siguiente relato, referido a sucesos cotidianos de la vida de la pareja:
Contaba que durante un viaje con su marido, piloto de una línea aérea, se produjo una conversación en rueda de amigos, que se originó en los comentarios que el marido hizo sobre una inquietud particular de ella. Esta inquietud se manifestaba a través de una serie compulsiva de preguntas, tales como: ¿"Que tal está el tiempo?, ¿que me voy a poner?, ¿hace frío ..., va a hacer calor?, ¿está cambiando el tiempo?, ¿llevé la ropa indicada?" ..., secuencia de preguntas que se repetía no una, ni dos sino varias veces al día, con un énfasis particular, si bien sutil. Estas preguntas se renovaban, llamativamente, cuando iban a asistir a una pequeña excursión, reunión, festejo, o salida nocturna.
El colega en supervisión y yo pensamos, ambos, que, si bien todos procedemos en cierta forma similar, como un estado de alerta, en nuestra identificación con una "madre cuidadora", en la analizanda este proceder era extremadamente marcado y con claras cualidades compulsivas. Llamaba, particularmente , la atención del analista, al repetirse en la tranferencia, que la paciente no dejaba espacio para respuesta alguna en su secuencia de preguntas. Fue el marido quien terminó cortando la secuencia, al decirle en inglés (ya que estaban con amigos extranjeros) "you are suffering from something like a Thermal Neurosis", una neurosis térmica.
Sorprendida e interesada, aunque un poco herida, pregunta a su analista: "...Pero, esto de la "thermal neurosis", esta preocupación por el clima, no es acaso normal?".
Esta predisposición de la paciente a tratar de entender un rasgo aparentemente común de su vida cotidiana, dio lugar a que juntos, el analista y ella, iniciáramos -a través de la supervisión-, la exploración de su relación con la madre. Lo cual derivó -tal como lo veníamos previendo, llevados ambos por las hipótesis en torno a ciertos fenómenos tempranos, sobre cómo serían algunos efectos clínicos relacionados al vínculo con una madre imprevisible-, en una serie de descubrimientos que habían permanecido enmascarados. Porque, como ella dijo: "...ella, (la mamá) es tan hermosa e inteligente..., que..., tan fría..., " y agregó: ..."glacial..., pero inteligente;...no daba para pensar nada.... Aunque a veces, con ella uno no sabía nunca cuando ni por qué, todo se transformaba en una fiesta que duraba poco, y se apagaba, ...".
El análisis avanzó hasta que se hizo posible para la analizanda decir: "lo que pasa es que mi madre era insoportable, me desesperaba ante sus cambiantes humores, y además, ..." ese rostro bello e inteligente y siempre inexpresivo ..., (y riéndose dice:)... "tal vez no quería arrugarse...". Cambiando visiblemente de tono dice, con voz oscura y profunda, sentidamente: "... tan impenetrable"!!
Recordó cuantas veces, en la infancia, se encontró "esperando", esperándola. En verdad esperando hasta tener algún dato que le permitiera prever lo que le esperaba ese día, o el fin de semana. Si iba a ser alegre, o silencioso, u obscuro y malhumorado.
Esta mujer había resuelto dignamente, a través de un desplazamiento en los fenómenos climáticos, un viejo estado permanente de inquietud, que en su infancia la había colocado frecuentemente en un desasosiego que relacionamos con el estado de "apronte angustiado" freudiano.
La dependencia hacia el rostro imprevisible de este tipo de madre, es un indicador de la reversión que describimos con respecto a la dirección normal de la dependencia infantil, normalidad en la cual la alerta empática se dirige hacia el infans, hasta que se inician los procesos de separación y la actividad del jugar.
Pero, todo se trastorna si la madre, durante el transcurso de las vicisitudes de su propio proceso constitutivo como sujeto deseante, necesitó, para sobrevivir, fijar un "algo" (que luego podría ser sustituíble por “otros”), como soporte de su angustia.
Así se instala la "patologización de la transicionalidad". Algún objeto de la "serie transicional" será tomado como ese "algo" y transformado en objeto consuelo, fetichizable. La aparición del "niño real", totalmente disponible como "objeto" para transicionalizar por la madre, coopera en las situaciones patológicas y puede ser trans-formado en Cosa-soporte, al inscribirse en la secuencia materna de los objetos intercambiables, de la ecuación simbólica freudiana.
Claro está que todos entendimos de qué se trata. En la patología de la dependencia infantil materna, falló su proceso de ilusión y desilusión con sus consabidas consecuencias. Y los soportes de la angustia de separación fueron insuficientes. La persistencia de la desmentida, en ella, y sus efectos, la llevaron a la necesidad del "fetiche-bebé".
La creación materna del fetiche, recubre para ella la ausencia de su objeto primario y promueve la fetichización del infans, en el campo de la crianza inicial.
El niño, "jugete erótico" y "objeto transicional" de la madre, conjuga en sí, -a través de la reversión de su derecho a depender y ser amparado- las cualidades de soporte para aquellas expectativas patógenas maternas, residuo de sus propias frustraciones, en cuanto a su propio anhelo de dependencia y amparo infantil.
Es el niño que piensa a la madre; el reverso de lo que nos pinta Pirandello.
La Cosa-soporte, objeto petit "a", es el "niño real" que como objeto transicional para la madre, SOPORTA -casi cosificado, entonces-, cual barrera de protección antiestímulo, la amenazante proximidad de la angustia pura, y su corolario, lo UN-HEIMLICH, en ella.
Es quizás redundante apuntar aquí las implicancias que, en el plano de la significación fálica, le ha otorgado a "His majesty the baby" esta madre. Se comprende cuánto y cuán nítidamente queda fijada en estos casos, la captura del niño como falo, en una "completud enloquecedora".
Esta situación encuentra su máxima manifestación clínica en la "Folie a Deux", y en los fenómenos descriptos como "Double Bind". En estos casos, la dinámica de la identificación proyectiva, como patología defensiva reemplaza la empatía fundante. Surge una "Identidad de dos", a la manera de "Un cuerpo para dos", (en términos de J. Mc Dougall), y se consolida la alteración estable del campo del contexto fundante.
Aquí, la primitiva demanda de dependencia infantil, que reclama una respuesta ajustada -aún si breve- se encuentra con la necesidad perentoria de la demanda materna: que busca un bebé como soporte/FALO y ésta es su condición de posibilidad para ofrecer presencia y una cierta función maternalizante, -en el sentido de Winnicott-, como "madre apenas suficientemente buena".
En este concepto winnicottiano, lo "suficientemente bueno" depende, precisamente, de la aptitud materna para "NO SER TODA" ni pretender su correlato: EL NIÑO "TODO" para la madre.
Esta demanda patológica de dependencia, cuando está latente en la madre, se activa con la presencia de la cría humana, ante lo imposible de soportar, la renovada separación-renuncia al objeto primitivo de amor, y a su valencia como falo, esta vez en el bebé.
Winnicott señala, en su artículo "Fenòmenos y objetos transicionales", que así como la madre puede permanecer en la condición de objeto transicional único para el niño, el niño puede permanecer para la madre, tal como lo estamos describiendo, en el estado patológico de reversión de la demanda de dependencia, funcionando como "objeto transicional patológico".
Esta "desviación" es consecuencia de cierta patología que impregnó el campo del contexto primitivo fundante materno. Si somos consecuentes con la perspectiva transgeneracional señalada por Freud, supondremos que, en una mirada que abarque tres generaciones, nos encontraremos con una abuela que ha sido "el objeto transicional obturador" (como Otro absoluto) de la madre. O, siendo ella misma careciente y dependiente, no hizo lugar para la separación de su hija, quien, al devenir madre a su vez, no logra "abandonar", una vez instalado, ese "breve estado de locura normal" descripto por A. Green.
Este es, precisamente, el motivo por el cual el niño es "tomado" como aquel primitivo objeto "in-dispensable" amado; el infans lo sustituye y resulta así indispensable, ya que es el único soporte de la angustia y de la limitada capacidad de espera materna.
En lugar de aquel necesario y transitorio "uso" fundante del niño como objeto transicional, por parte de la madre, reeditado en la "maternalización" entendida como conjunto de funciones y conductas que definen el campo del contexto fundante, habrá un inevitable "abuso de este uso". Así, el circuito inicial del contexto fundante, en lugar de abrirse al segundo tiempo, donde la intervención paterna asegura este ingreso a la triangulación, se estrecha y consolida la reversión patológica, fijándose en una funesta modalidad "De a Dos".
En la Demanda de Dependencia Revertida quien tiene derecho a ser transitoriamente dependiente, el infans-bebé, se convierte en continente estable para la "Demanda de Dependencia pendiente" de la madre, por vía de una deformación temprana crónica de su Yo infantil.
Tenemos sobrados motivos para pensar que esta perspectiva del contexto fundante, como campo relacional cualitativamente característico, permite ubicar las investigaciones teórico-clínicas respecto de las patologías graves. Así como también la siempre desafiante cuestión que en "Análisis Terminable e Interminable" hace referencia -en un conjunto temático que preocupó a Freud hacia el fin de su obra-, respecto a las "alteraciones del Yo".

LA DEMANDA DE DEPENDENCIA REVERTIDA EN EL CAMPO PSICOANALITICO

Consideramos además una ampliación del concepto de campo, en el sentido del contexto de la situación analítica como campo dinámico (M. y W. Baranger), incluyendo la consideración de la dinámica de la transferencia-contratransferencia, de la contraidentificación, la empatía, etc., como posibles de invluir manifestaciones de la reversión -patológica o no-, de los "residuos" de la Demanda de Dependencia del analista.
La Demanda de la Dependencia Revertida genera un campo analítico distorsionado, en el cual analista y paciente están unidos en este específico "baluarte" bipersonal, en el sentido que le otorgó W. Baranger.
Se paraliza así el proceso, en tanto la contratransferencia se distorsiona. Y lo que debió ser, por parte del analista, un breve proceso de identificación empática que le permitiera comprender a su paciente y al campo creado, se transforma, en estos casos, en una contraidentificación, motivada por la propia Demanda de Dependencia del analista, proceso que se observa a veces en las etapas de terminación del análisis.
Desde luego que la Demanda de Dependencia Revertida estudiada a través de los procesos analíticos, aporta una profundización en el conocimiento de las características de las etapas primitivas de la estructuración del sujeto, y permite una comprensión en la clínica de ciertos procesos que se exteriorizan en baluartes del campo y paralizan la marcha del proceso de la cura en la situación analítica.